Enrique VIII, el monarca absolutista que fundó la Iglesia anglicana

Enrique VIII es probablemente uno de los monarcas ingleses de mayor relevancia en la historia de Reino Unido. Conocido por su carácter visceral y decidido, este personaje histórico fue el segundo miembro de la dinastía Tudor, que reinó en Inglaterra durante la primera parte de la Edad Media. Su mandato estuvo marcado por el absolutismo y diferentes cambios político-religiosos.

Hijo menor de Enrique VII e Isabel de York, Enrique VIII nació en 1491 en el palacio de Greenwich, Londres, donde pasó la mayor parte de su infancia. En 1502, fue nombrado Príncipe de Gales, tras la muerte de su hermano Arturo Tudor. Pocos años más tarde, el 22 de abril de 1509, el joven príncipe ascendió al trono y se convirtió en rey de Inglaterra y señor de Irlanda.

Primeros años de mandato

Su contexto de ascensión al trono estuvo marcado por el malestar general entre la población como resultado del reinado de su padre basado en la austeridad y una importante carga fiscal. Debido al rechazo que la rectitud de su padre causaba entre sus súbditos al final de su mandato, la llegada al trono de Enrique VIII fue recibida con gran optimismo entre el pueblo inglés. De hecho, como nuevo rey se encargó de la destitución de aquellos ministros de su padre que se encargaban de recolectar dinero para el monarca, como es el caso de Edmund Dudley.

Al optimismo general contribuyó el hecho de que su primera esposa fuese Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y con cuya unión se estableció una buena relación con la corona española. La joven princesa había sido elegida por Enrique VII como mujer para su primogénito Arturo, con quien contrajo matrimonio en 1501 como parte del tratado de Medina del Campo (1489). Sin embargo, con la muerte de Arturo pocos meses después de la boda, Catalina quedó viuda y la unión política entre España e Inglaterra comenzó a peligrar. Para evitar perder este vínculo, Enrique VIII decidió tener a la princesa española como su esposa.

Su boda con Catalina de Aragón

Si por algo es conocido Enrique VIII es por sus relaciones matrimoniales y el tormentoso final de la mayoría de ellas. El monarca inglés estuvo casado con seis mujeres diferentes de las cuales Catalina de Aragón fue la primera. Enrique VIII y Catalina de Aragón se casaron en 1509 como parte de un matrimonio de conveniencia, aunque muchos también resaltaban el aparente amor que procesaban el uno por el otro. En 1511, la reina dio a luz a su primero hijo varón, cumpliendo así con el obsesivo deseo de Enrique VIII de tener una descendencia digna.

Sin embargo, el príncipe infante murió días después de su nacimiento y de este modo se convirtió en el único de los tres hijos varones del matrimonio que llegó a nacer. En cuanto a sus hijas, sólo la futura reina de Inglaterra María I sobrevivió al parto. Es precisamente la incapacidad de la reina de dar a luz un hijo varón que pudiese heredar el trono lo que motivó el creciente desapego que Enrique VIII terminó sintiendo por ella.

Whitehall Palace en Londres. Fuente: Wikipedia

Adulterio y matrimonio en secreto con Ana Bolena

A esto se suma el hecho de que el rey comenzó a verse con diversas amantes hasta que finalmente se enamoró de una de las damas de la reina Catalina: Ana Bolena. Ana Bolena era hija de un reconocido diplomático inglés y recibió su educación en los Países Bajos. Era conocida por su carismática actitud y su penetrante mirada, que entre muchos otros, terminó por cautivar al rey Enrique VIII.

Ante la propuesta del monarca de mantener una relación extramatrimonial, la joven Ana respondió que no mancillaría su honor y que sólo estaría con el rey una vez hubiesen contraído matrimonio. Así pues, Enrique VIII le pidió la mano a Ana Bolena aún estando casado con la reina Catalina, dando así lugar al comienzo de la desvinculación de Inglaterra con la Iglesia Católica Romana.

Para casarse con Ana Bolena, la autoridad papal romana debía antes anular el matrimonio entre la reina Catalina y Enrique VIII, pero este decreto iba en contra de la doctrina católica. El asunto fue postergado en varias ocasiones y esto enfurecía cada vez más al monarca inglés, quien finalmente se decidió a casarse en secreto con Ana Bolena tras enterarse de que ésta estaba embarazada. De este modo, Ana Bolena y Enrique VIII se casarían el 25 de enero de 1533. Ante la noticia de este matrimonio, la reina Catalina, que había sido durante varios años recluida y separada del monarca por órdenes del mismo, quedó destrozada. Tres años más tarde, en 1536, falleció en soledad.

En cuanto a la relación entre Ana Bolena y Enrique VIII, fue una vez más la falta de descendencia lo que motivó el desencanto del rey hacia su segunda esposa. Del matrimonio sólo una infanta sobreviviría, la princesa Isabel, que más adelante se convertiría en la primera reina de Inglaterra y probablemente una de las figuras más importantes de la historia del país. Al final, Ana Bolena fue condenada a muerte y ejecutada en 1536 acusada de adulterio, traición e incesto.

Sus matrimonios con Juana Seymour, Ana de Clèves y Catalina Howard y Catalina Parr

La tercera esposa del rey Enrique VIII fue Juana Seymour con quien el rey contrajo matrimonio en 1536, pocos días después de la muerte de Ana Bolena. Aclamada por su carácter amable y atento, la reina Juana fue bien aceptada por el pueblo. Se dice que Juana Seymour fue la esposa a la que más amó el monarca inglés y, de hecho, ambos fueron sepultados en la capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor. Además, Juana Seymour fue la única mujer que dio a luz a un hijo varón de Enrique VIII al nacer el futuro rey Eduardo VI en 1537.

Para la desgracia del monarca, Juana Seymour falleció a los días del parto de una enfermedad viral. Tras unos años de luto, Enrique VIII decidió buscar una nueva esposa asustado por la peste y la posibilidad de perder a su único hijo varón. De este modo, en 1450 contrajo matrimonio con Ana de Clèves, a la que no había visto en persona hasta el día de su boda. Enrique VIII se interesó por Ana de Cléves ya que esta era una noble alemana y la unión matrimonial con ella supondría el refuerzo de la alianza con Alemania.

Así pues, el monarca inglés le ordenó al pintor Hans Holbein el Joven que retratase a la noble alemana para poder ver cómo era esta físicamente antes de contraer matrimonio con ella. Sin embargo, la preciosa mujer plasmada sobre el lienzo no debía guardar ningún parecido con la poco agraciada Ana de Cléves, a la que Enrique VIII apodó “la yegua de Flandes”. Por la fealdad de la joven, Enrique VIII decidió comenzar con el proceso de divorcio pocos meses después de la boda.

Retrato de Ana de Clèves realizado por Hans Holbein el Joven. Fuente: Wikipedia

Tras esta separación, Enrique VIII contrajo matrimonio en 1540 con Catalina Howard, conocida por su indudable belleza. Sin embargo, esta unión terminaría al ser la reina condenada a muerte por haber mantenido relaciones amorosas con varios hombres antes y durante su matrimonio con el rey. Así pues, en 1542 fue ejecutada del mismo modo y en el mismo lugar que lo había sido Ana Bolena. Por último, el rey se casó con Catalina Parr en 1543 a la que se le recuerda por su belleza, su educación y su amable carácter.

La cuestión real

Como se ha explicado anteriormente, el rey Enrique VIII quería separarse de su mujer Catalina porque ésta no le daba ningún heredero varón y porque se enamoró de Ana Bolena. Este hecho derivó en lo que se conoce como “la cuestión real”, es decir, en el proceso hasta conseguir la anulidad matrimonial. Para ello, el rey delegó en los cardenales Thomas Wolsey y William Warham quiénes debían conseguir dicho trámite alegando que no era legítimo estar casado con la esposa de su hermano.

Al no conseguir Wolsey y Warham la aprobación del papa Clemente VII, Enrique VIII decidió contactar con él directamente a espaldas de Wolsey. Sin embargo, las intenciones del rey inglés se vieron frustradas por el hecho de que las acciones del papa eran en aquel entonces limitadas por el emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, es decir, por el sobrino de Catalina de Aragón.

Tras varios años de idas y venidas, Enrique VIII se hartó de la incompetencia de sus cardenales y la falta de resultados en el proceso de anulidad, y así condenó a al cardenal Thomas Wolsey por traición. En 1529, Tomás Moro pasó a ser el lord canciller de Inglaterra y, por tanto, el encargado de llevar “la cuestión real”. Para su desgracia, Moro tampoco consiguió resultados óptimos y al tiempo que el monarca los requería y por eso renunció a su cargo tan solo tres años más tarde.

Ruptura con la Iglesia católica y absolutismo

Después de Tomás Moro, Thomas Cromwell fue nombrado ministro principal y secretario de Estado en 1532. Ese mismo año, consigue que el rey controle el poder eclesiástico en Inglaterra. Es con Cromwell a la cabeza cuando Inglaterra consigue la independencia absoluta en términos religiosos con respecto a Roma, tal y como se expresa en el Acta de Supremacía de 1534.

Retrato de Thomas Cromwell

Antes de la publicación del Acta de Supremacía y como consecuencia de todos estos cambios en la organización eclesiástica en Inglaterra, el papa habría excomulgado a Enrique VIII en 1533. En este mismo periodo tuvo lugar la disolución de los monasterios (1536-1540) anteriormente pertenecientes a la Iglesia católica en favor de Enrique VIII como monarca absoluto de Inglaterra.

A pesar de la importancia de Cromwell en los asuntos reales y religiosos, él no fue el encargado de anular en matrimonio entre Enrique VIII y la reina Catalina. Sí lo fue Thomas Cranmer, quien en 1533 fue nombrado arzobispo de Canterbury y anunció tan esperada anulidad. Así se hizo oficial la unión entre Ana Bolena y Enrique VIII.

Relación hasta el momento con Roma

El hecho de que Enrique VIII fuese quien inició la reforma protestante en Inglaterra pudo haber sorprendido a muchos en su época debido a la relación tan íntima que había existido entre este monarca y el papado de Roma. De hecho, además de por su obstinada mentalidad, Enrique VIII era conocido por su lealtad a la Iglesia católica hasta tal punto que en 1521 fue nombrado Fidei defensor (Defensor de la fe). Dicho título se lo otorgó el papa León X tras recibir éste un libro escrito por Enrique VIII en el que el monarca alababa a la Iglesia Romana, el control del papa sobre ella y la importancia del sacramento del matrimonio. El libro fue en realidad la respuesta de Enrique VIII a un periodo de conflictos de carácter político-religioso liderados por la Martín Lutero y el comienzo de la Reforma Protestante en Europa.

Por otro lado, Enrique VIII ya se había posicionado del lado del Sacro Imperio Romano en otros conflictos anteriores al comienzo protestantismo. Cabe destacar la importancia del acuerdo de 1511 al que el entonces canciller de Inglaterra Thomas Wolsey llegó con Roma (liderada por el emperador Maximiliano I) y España (gobernada por los Reyes Católicos) en contra de la Francia de Francisco I en lo que se conoce como una Guerra Santa.

Tras un reinado que marcaría un antes y un después para Inglaterra, Enrique VIII fallecería el 28 de enero de 1547 como el monarca más absolutista conocido por el pueblo inglés. Tras la muerte de este personaje histórico, llegaría al trono su único hijo varón Eduardo VI, quien tuvo que esperar hasta alcanzar la mayoría de edad para convertirse en rey.


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